Entre tinta, música y el aroma de las flores, el taller “Escribir para las que vienen: El archivo de las mujeres” se convirtió en un refugio de honestidad y resistencia creativa en el corazón de Torreón.
¿Qué pasaría si pudieras entregarle un mapa a tu hija, a tu hermana menor o a la mujer que serás en diez años? ¿Qué indicaciones le darías desde tu propia historia?. Bajo esta premisa, Periodismo del Desierto realizó la primera edición del taller “Escribir para las que vienen: El archivo de las mujeres”, un espacio dedicado a la memoria colectiva y la expresión en el marco del Día Internacional de la Mujer.
Para guiar este encuentro, se contó con la presencia de la escritora y poeta perteneciente a la Asociación de Mujeres Poetas de la Laguna, Cristina Soriano, quien coordinó los ejercicios narrativos de las asistentes. El escenario fue uno de los salones del Centro de Artes del Norte, en las inmediaciones de Casa la Morelos; un espacio histórico que esa tarde se transformó en un refugio donde nuevas voces surgieron.

Al inicio de la jornada, la fundadora de este proyecto, Kathia Torres, dirigió unas palabras de bienvenida a las diez participantes que regalaron su tiempo para esta actividad. Explicó el origen de Periodismo del Desierto y lo que el respaldo de ellas ha significado para continuar haciendo periodismo en la región como mujer periodista. Tras este mensaje, y rodeadas por la delicada decoración floral de la marca patrocinadora Floral Ameé, se hizo entrega de un kit de bienvenida que incluía detalles de marcas aliadas como Bijú, Arte Pink TRC, Art Miich Macramé y por supuesto de, Periodismo del Desierto.

La tallerista inició formalmente la tarde con una dinámica titulada “El hilo de la memoria”, para “romper el hielo” y crear confianza. En ella, las participantes formaron un círculo mientras compartían su nombre, edad y una palabra que las describiera. Al terminar su intervención, cada mujer sujetaba una punta de un ovillo de lana antes de lanzarlo a otra compañera. Al final, un estambre de colores cruzó el pasillo del recinto a manera de red física, simbolizando que sus historias, profesiones y vivencias están profundamente conectadas entre sí.

Como parte de los ejercicios para abrir la mente de las asistentes, se realizó un viaje a través de los septenios de la vida. El salón número cuatro del recinto, se vio envuelto en una calma que disipó el ruido externo del centro de la ciudad, llenándose de una emotividad palpable cuando las participantes recordaron sus primeros siete años de vida. Con música de fondo y una tarde cálida que parecía arroparlas, las plumas comenzaron a fluir. Fue un ejercicio de introspección profunda, con ojos que subían la mirada al techo buscando inspiración y manos que no paraban de plasmar ideas.
Luego de aproximadamente dos horas de taller, llegó uno de los momentos más poderosos de la tarde: la lectura de esos textos finales. Para animar a las participantes a leer su manifiesto, Cristina Soriano recordó con humildad que ningún texto es mejor que otro y que el valor real de la escritura reside en la autenticidad de quienes somos, dando paso a la lectura individual.

La calidad de los escritos llevó a una reflexión colectiva sobre los permisos que las mujeres se dan para crear, resonando la frase de la participante Kenya Reyes, quien mencionó que “La perfección es enemiga de la creación”, concluyendo que se debe perder el miedo a “lo feo”, pues la búsqueda constante de agradar al exterior es el límite más grande para llevar a cabo nuestras pasiones y tener libertad creativa.
Al escuchar los textos finales, decorados con flores y stickers, el salón se llenó de aplausos y una atención profunda, validando que lo que la otra tiene que decir es importante y merece ser escuchado. Hacia el final de la tarde, el ejercicio se convirtió en un ritual al guardar estos escritos a manera de cartas, dobladas y guardadas en sobres sellados, como si de una cápsula del tiempo para el futuro se tratara. Mientras esto ocurría, la fundadora del proyecto dirigió unas últimas palabras.
“Hoy venimos aquí para honrarnos y para que hagamos conciencia de las mujeres detrás de nosotras y de las que aún en la actualidad no pueden expresarse. Por aquellas escritoras a las que les quemaron sus historias o las que se vieron orilladas a publicar con el nombre de un hombre. Por eso, mujeres: cuenten, cuéntenlo todo por las que no pudieron. Dejen registro de su paso por el mundo, ocupen el espacio y hagan comunidad”.
El taller no terminó con solemnidad rígida, sino con risas y la canción “Me amo” de la artista Ruzzi como banda sonora. Entre el caos alegre de intentar tomar una foto grupal y el aroma de las flores que cada una se llevó a casa, quedó claro que el espacio se convirtió en un círculo íntimo de confianza y confidencialidad.
Este archivo de las mujeres, será publicado en este portal el domingo 8 de marzo, demostrando que hoy ya no tenemos que escondernos para escribir nuestra propia historia.





