“El sueño americano no existe”, es lo que hoy reflexiona José Basurto después de dejar una vida de 7 años atrás y convertirse en una víctima de las medidas migratorias endurecidas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que desde el 23 de enero del 2025 ordenó el inicio de las redadas al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas para deportar a cientos de miles de migrantes.
José, originario de Torreón, Coahuila, decidió en 2018 emprender el camino hacia una vida mejor. Se propuso experimentar por su cuenta qué tan difícil era vivir, ahorrar y ayudar a su familia en México con los billetes verdes. Sin embargo, su día a día distó mucho de la imagen ideal de una vida próspera. Su existencia se convirtió en una rutina agotadora, marcada por la presión constante de cumplir con los pagos y obligaciones de un país que no era el suyo.
Trabajando en la construcción, José viajó desde Ohio hasta Alaska para erigir estructuras de lavado de autos. Era un buen trabajo que le permitía subsistir, pero las obligaciones financieras y la rutina limitaron por completo su libertad. Pagar la renta, los servicios, el seguro del carro y el teléfono, todo se convirtió en una cadena que lo ató a su trabajo, impidiéndole disfrutar de los frutos de su esfuerzo.
“Es que era una vida rutinaria, como le digo, el trabajo, la casa, la casa, el trabajo, porque pues no salía uno mucho. Si salía, salía uno al mall, pero cada semana o cada 15 días, porque pues era gastar. Y luego, pues le digo, los bills allá no te esperan como aquí… Es la preocupación de pagar los servicios”
recuerda el señor José Basurto

A pesar de las limitaciones, José también logró metas importantes. Su mayor motivación era construir un hogar para su familia en México, y aunque su sueño principal se vio truncado, sí alcanzó a realizar algunas inversiones. A lo largo de los años, con mucho esfuerzo, logró adquirir bienes que representaban una parte de su futuro.
“Lo que logré allá, fue comprar dos trailas, pero desgraciadamente todo lo material se pierde cuando lo mandan a uno para acá, todas tus pertenencias se quedan allá. Tengo una familia allá y es la que se está haciendo cargo de vender la traila y mandarme un poco de dinerito para poder sobrevivir, porque desgraciadamente no hice nada aquí. Me vendé los ojos y yo decía, “Ya estoy en Estados Unidos, ya estoy en Estados Unidos.” Entonces, es un error que en mi persona cometí al decir, “Ya me quiero quedar aquí, ya no voy a regresar a México.” Pero uno pone y Dios dispone”.
platica José.
La disposición llegó el 27 de marzo del 2025. José fue detenido en Ohio, en un operativo que marcaría el fin de su vida en Estados Unidos y el inicio de un doloroso proceso de deportación.
Tras pagar una fianza de 5 mil dólares que fue inútil, su destino fue una cárcel de inmigrantes en Youngstown, Ohio. En ese lugar, la realidad de muchos se hizo palpable y la esperanza de un regreso a la vida como la conocía se desvaneció. José pasó 9 semanas encerrado, presenciando una situación de gran incertidumbre y desesperación.
En el encierro, José reflexionó sobre las duras condiciones a las que se enfrentan los migrantes, quienes son tratados como delincuentes a pesar de solo buscar una vida mejor.
“No somos delincuentes. Solo queríamos ir a trabajar, queríamos sobrevivir. Hay mucha gente inocente que les agarraron por ahí manejando… Y desgraciadamente los mandan a su país ya sin el apoyo de nadie”.
El proceso de deportación no fue menos traumático. José fue trasladado junto a otros migrantes en un avión. Durante el viaje, experimentó la crueldad de un sistema que buscaba desmoralizarlo por completo. La experiencia fue una de las más difíciles de su vida, y las huellas emocionales aún son profundas.
“A mí me tocó 18 horas estar encadenado de pies a manos y sentado. No dejaban pararte, no dejaban moverte y pura agua, pura manzana, o sea, no daban ni comida. O sea, dices tú, ‘pues qué tan inhumanos son, ¿o que?, no somos delincuentes’. pagamos impuestos, pagamos, ¿y dónde quedó todo ese dinero? Yo hacía mis taxes, ¿por qué hacen eso? no se vale, pero sí es un mal que hacen ellos como para decir que ya no vuelvas, o sea, tratarte mal. porque esa es la situación, te dicen, “así te vamos a tratar para que no vuelvas.” Pero si es inhumano”.
El regreso a México fue un reajuste doloroso. Después de siete años de construir una vida en otro país, se encontró en su ciudad natal con una sensación de vacío e incertidumbre.
“Sí duré 15 días sin salir de la casa porque decía, ‘yo qué voy a hacer’. ¿Y qué voy a hacer? Pero ahora pues mi hermana y yo compramos un carro, sacamos y ando trabajando en un Uber y pues ahorita ando despejado, ando feliz”.
La resiliencia de José se manifestó rápidamente. A pesar de los miedos, decidió levantarse y seguir adelante. Hoy trabaja como conductor de Uber en La Laguna, un trabajo que, además de darle un sustento, le permite reconectar con la ciudad que dejó hace casi una década.
“Estoy aquí en México con mi familia y yo le llamo mejor un sueño americano estar aquí con mi familia que estar allá”.
Al reflexionar sobre su experiencia, José envía un mensaje contundente a aquellos que, como él en su momento, consideran irse a Estados Unidos.
“Que la piensen tres, cuatro veces. Vayan no más, o sea, de visita, vayan una semana, regrésense, vean cómo está el sistema, porque no es como lo pintan, no es de que ‘ah, vamos a barrer los dólares’. Yo nunca supe dónde estaban para barrer los dólares”.
Su historia es un testimonio de la dura realidad que enfrentaron 70 mil 316 migrantes mexicanos repatriados entre enero y junio de este año, de los cuales Coahuila recibió de vuelta a 5 mil 685 personas que forzosamente regresaron al lugar que los vio nacer.
Pero lo vivido por Jose Basurto también es una prueba de la capacidad mexicana para levantarse y encontrar un nuevo camino, incluso cuando el sueño original se desvanece.





